Universidad de Sevilla. Oficina de sostenibilidad.

La polución se ceba con los colegios

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19/06/2013



La polución se ceba con los colegios

Investigadores analizan a casi 4000 niños de 40 escuelas para medir el impacto de la contaminación en su desarrollo cognitivo 

A principios de este año, la Organización Mundial de la Salud (OMS) hacía público un informe que recomendaba endurecer la legislación contra la contaminación dada la cantidad de estudios que relacionan el exceso de partículas en suspensión y el aumento de patologías respiratorias y cardiovasculares.

 

Sin embargo, Breathe es, según sus investigadores, el primer proyecto a gran escala que se propone analizar los efectos de la contaminación ambiental en el cerebro humano, en especial el de los niños. El equipo ya ha presentado resultados preliminares que “apuntan a niveles de contaminación preocupantes dentro y fuera de las escuelas”, según explica Mar Álvarez, miembro del equipo de investigación.

 

Este estudio fue presentado la semana pasada en Madrid por un equipo del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental de Barcelona. La recogida de datos comenzó en agosto de 2011 y el trabajo concluirá en 2016. El proyecto cuenta con una financiación de 2,5 millones de euros por parte del Consejo de Investigación Europeo (ERC).

 

El equipo se ha centrado en la contaminación atmosférica producida por las partículas finas y ultrafinas (PM2,5 y PM10) emitidas por los vehículos diésel y producidas por el desgaste de los neumáticos. Estos agentes contaminantes se encuentran suspendidos en el aire y son “100 veces más finos que un cabello humano”, resalta Álvarez. Dado su minúsculo tamaño “estas partículas pueden llegar a la parte frontal del cerebro por vía respiratoria y sanguínea, depositándose en el tejido cerebral y produciendo inflamación”, añade.

 

Efectos en el rendimiento escolar

Los niños de entre siete y diez años, en plena fase de desarrollo del cerebro, son especialmente vulnerables a los efectos de este tipo de contaminación. La zona principalmente afectada, el lóbulo temporal, es la implicada en los procesos cognitivos de atención y memoria de trabajo y, por lo tanto, los daños que aquí se produzcan pueden incidir en el rendimiento escolar, favoreciendo la aparición de síndromes cognitivos como el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH).

 

Para poder relacionar la presencia de estas partículas con los trastornos cognitivos en niños, se han analizado los niveles de contaminación existentes en 40 escuelas de Barcelona y se han realizado tests psicométricos a 4.000 alumnos para evaluar su memoria y su capacidad de atención. Se les ha evaluado cuatro veces a lo largo de un año, para tener datos más fiables, y en cada colegio se han medido en dos ocasiones los niveles de contaminación en horario escolar. “Queremos averiguar si en los colegios con mayor contaminación hay peores resultados en los tests de atención y memoria”, explica Álvarez.

 

Tanta contaminación en los colegios como en los cruces

Ya ha concluido la mayor parte del trabajo de campo y ahora se disponen a analizar toda la información recogida para establecer conexiones, “aunque ya tenemos datos interesantes“, afirma Álvarez. Por ejemplo, han descubierto que los niveles de contaminación en el interior de las escuelas son muy elevados, “esto significa que las partículas penetran en los edificios más de lo que pensábamos”.

 

En las zonas escolares se han detectado índices de contaminación muy similares a los que se dan en un cruce de carretera, “donde hay un tránsito de coches muy intenso”. Por otro lado, se han detectado fuentes endógenas de contaminación dentro de los colegios, “nos interesa identificar las fuentes de estas partículas y estudiar la toxicidad de cada una”, señala la investigadora.

 

Para mayor exhaustividad, se han evaluado los niveles de polución dentro y fuera de las escuelas, tanto en los patios como en las aulas, y se ha tenido en cuenta dónde está cada colegio, dónde vive cada niño y el recorrido que realizan para ir y volver de su casa a la escuela diariamente. Así, aplicando los datos que ya se tienen de los niveles de contaminación de Barcelona, se podrá calcular la contaminación total a la que están expuestos los niños.

 

El proyecto Breathe pretende también evaluar la existencia de subgrupos más susceptibles a los efectos del aire contaminado. Han realizado tests de saliva a todos los alumnos para estudiar posibles predisposiciones genéticas y están empezando a hacer resonancias magnéticas que permitirán saber si la contaminación afecta al cerebro de manera estructural. “Esto es muy novedoso y puede aportar muchos datos que nunca se han recogido”, explica Álvarez.


Posibles medidas de prevención

A largo plazo, el estudio plantea la creación de posibles medidas para disminuir los daños de este tipo de contaminación en los colegios. Entre ellas, dejar de construir centros escolares en zonas de mucho tráfico y con altos niveles de contaminación, reforzar las construcciones de los edificios para evitar la penetración de las partículas “e incluso modificar el plan urbanístico de la ciudad para desviar el tránsito de coches de las zonas escolares”.

 

La posibilidad de aplicar medidas de prevención para reducir o erradicar el problema es de vital importancia para una ciudad que ha superado ya en varias ocasiones los límites establecidos por la UE en materia de contaminación ambiental y que se podría enfrentar a multas millonarias de Bruselas. La última moratoria que pidió la Generalitat el año pasado para retrasar sus resultados hasta 2015 fue rechazada y, según el último informe sobre la calidad del aire de la Agencia de Salud Pública de Barcelona, se ha roto la tendencia a la baja de los últimos años.

Teresa Alameda / Materia