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José Pablo García

Imágenes



El periodista en una imagen durante la Ruta Quetzal

El periodista en una imagen durante la Ruta Quetzal

18/02/2013



José Pablo García

“Entras en la Ruta Quetzal siendo uno y sales con una familia de más de 300 personas”
 

EXPERIENCIA

Más de una década dedicado al Periodismo, reportero en 'Andaluces por el Mundo' y actualmente en el programa 'Pido la palabra'


José Pablo García Báez tenía un sueño desde niño: formar parte de la Ruta Quetzal BBVA. La vida le devolvió la oportunidad perdida en la infancia y, tras pasar una dura prueba, logró su objetivo: ser monitor en la expedición a Panamá de 2008.

 

Como buen periodista, antes de acostarse le robaba unas horas al sueño para esbozar las vivencias del día, “la única manera de que mis recuerdos perduraran”, señala. Aquellas notas terminaron tomando forma, ampliándose, consiguiendo un prologuista, una editorial y fue así como nació el libro Mentores de la aventura. Diario de un monitor de la Ruta Quetzal.

 

José Pablo explica que este libro, que supone también un homenaje en sus bodas de plata a este programa del que han disfrutado más de 10.000 jóvenes del mundo entero, pretende responder a “los gustos y sentimientos de la gran familia rutera” (expedicionarios, monitores y colaboradores), además de las personas interesadas en la pedagogía de las actividades en tiempo libre y, por supuesto, a los amantes de los viajes y la aventura.

 

La obra, que cuenta con el prólogo de Santiago Tejedor, doctor de la Universidad Autónoma de Barcelona y creador del primer Máster de Periodismo de Viaje en España, se divide en dos grandes apartados. En una primera parte, el periodista describe de manera somera la expedición y detalla el proceso de selección y pasos previos para llegar a ser monitor de la Ruta Quetzal. En la segunda, comienza el diario propiamente dicho, con todas las andanzas vividas en Panamá y España. Además, el lector puede transportarse con facilidad a los relatos que se cuenta el autor gracias a la amplia colección de imágenes de la expedición, obra de Ángel Colina, cedidas por la organización de Ruta Quetzal.

 

La adaptación, clave de la felicidad

 

Según señala el periodista, las notas que escribía a modo de diario también eran una “manera de desahogarse”, ya que durante la expedición se vivieron en “momentos complicados”, sobre todo en la primera parte, en Panamá. “Los momentos más complicados vienen por el cansancio, porque son muchas horas al pie del cañón con 21 chavales en los que no puedes perder ni un segundo”, aclara. Si a esto le sumamos la climatología, con lluvias tropicales, un nivel de humedad muy alto y las enfermedades, “es la tormenta perfecta”, dice.

 

De estas experiencias, el rutero ha aprendido que la “clave de la felicidad es la adaptación”, algo que para los chavales “es más complicado que para los adultos”, pues la mayoría de los chicos “son occidentales y tienen su abismo entre la consola, el sofá, el agua caliente... y dormir en suelo duro, la ducha fría y la comida de la ruta”.

 

“Es como si volviéramos a la época de nuestros tatarabuelos. No hay nada transformado, todo hay que elaborarlo. Aunque para mi gusto, es más satisfactorio”, afirma.

 

Entre las inolvidables vivencias que trae José Pablo de recuerdo en sus bolsillos, se encuentra la acampada en el fuerte de San Lorenzo de Chagres, construida por los españoles en la entrada del río Chagres. Según comparte, es un lugar “mágico que hace revivir la época de los descubridores y del imperio español”. El periodista rememora una de las jornadas que pasaron allí, en la que disfrutaron de una evocadora estrellada, acompañados por el sonido del mar. “Me imaginaba siendo un español que hubiera vivido en el siglo XVI y que luchara contra Francis Drake y los filibusteros”, recuerda. El fuerte de San Lorenzo de Chagres sirvió de base americana hasta el finales del siglo XX, cuando pasó a ser patrimonio de Panamá junto al Canal.

 

Sobre Panamá, valora sus “grandes posibilidades para moverse a través de él y conocerlo” y el hecho de que “no viven de espaldas a la naturaleza”, pues Panamá City, por ejemplo, “tiene zonas naturales muy próximas”. No obstante, lamenta que el panameño medio “no sabe el valor tan importante que tiene su país a nivel de biodiversidad, porque, como nos ocurre a todos, no valoramos nuestra tierra tanto como se hace desde fuera”.

 

Las clases magistrales de Miguel

 

La Ruta Quetzal tiene una figura insustituible, un maestro que impregna su sello en todo lo que hace. Es Miguel de la Cuadra Salcedo, el creador de la expedición. Este conocido aventurero, además de periodista, es ingeniero agrícola y un gran humanista. “Transmite valores humanos, culturales, etnogastronómicos, históricos y, por supuesto, naturales”, enfatiza José Pablo, quien detalla que “no hay caminata en la que no coja un fruto y no dé una clase magistral sobre él”.

 

Gracias a él los chicos aprenden y se transforman a cada paso. Así, el autor asegura que “hay un antes y un después en los chavales, que llegan como niños y salen de la ruta siendo adultos y creyendo en valores tan importantes como la solidaridad y la amistad”. En sus palabras: “se entra en la ruta siendo uno y se sale con una familia de más de 300 personas de 55 países diferentes”.

 

Al periodista se le ocurren algunas ideas para mejorar la Ruta, como, por ejemplo, “quitar algunas actividades para disfrutar más de cada una de ellas, porque a veces las prisas nos pueden”. Y además, le gustaría que muchos más chicos pudieran disfrutar de esta experiencia. “Pondría dinero de mi bolsillo, si lo tuviera, para que en lugar de 350 niños fueran muchos más”, asevera.

 

Y es que para José Pablo lo mejor de la ruta son, sin duda, las personas. “Mi nueva familia”, como los llama. Cuenta que la relación que desarrollan ruteros y monitores es “súper intensa“. “Ellos se vuelcan y te ofrecen todo y tú también se lo das. La mía fue de auténtica pasión”, afirma.

Ángela Lora / Alejandro Ávila