Universidad de Sevilla. Oficina de sostenibilidad.

Una generación hambrienta

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A place at the table

A place at the table

05/12/2012



Una generación hambrienta

La película ‘A place at the table’ revela que 80 millones de personas sufren hambre en el país más poderoso de la Tierra

 

‘A place at the table’ (Kristi Jacobson y Lori Silverbush, 2012) es un mazazo a nuestras conciencias: ¿Cómo es posible que el país más rico y poderoso del mundo tenga 80 millones de personas hambrientas?

 

El hambre en Estados Unidos, aclara este documental de los productores de Food Inc.,  no tiene el rostro de un niño famélico, sino el de un chico obeso atiborrado de carbohidratos y grasas. El problema no es la desnutrición propia de los países más pobres de la tierra, sino la malnutrición y sus gravísimas consecuencias.

 

El incremento de la obesidad está, así, directamente relacionado con la subida del precio de la fruta y la bajada de precios de la comida hipercalórica en Norteamérica. ¿Cómo es eso posible? El gobierno norteamericano subsidia la agricultura, pero ese dinero va a parar a las grandes corporaciones productoras de grano, dejando de lado a los productores de fruta. Eso significa que, con menos de un dólar, puedes comprarte un enorme paquete de cereales de colores ‘radioactivos’, pero tendrás que pagar cerca de cinco dólares por hacerte con algo de fruta.

 

En este sentido, uno de los conceptos más interesantes empleados en el documental es el de ‘food desert’: auténticos desiertos alimentarios alrededor de miles de poblaciones, cuyos habitantes pueden gastar hasta  10 dólares de combustible para llegar a un hipermercado donde realizar una compra de alimentos sana y equilibrada.

 

El documental consigue atraer nuestra atención no solo con datos estremecedores, sino buscando el hilo conductor a través de sus propios protagonistas, sobrecogiéndonos con testimonios como el de esa madre soltera que lucha por ofrecerle a sus hijos una alimentación equilibrada, pero cuyo sueldo, al fin, solo alcanza para darles pasta con tomate todos los días de la semana.

 

El programa de asistencia alimentaria, del que se ‘benefician’ uno de cada dos niños, tampoco ayuda gran cosa en su propósito: el constante recorte presupuestario al que está sometido este programa federal impide que los niños norteamericanos puedan recibir una alimentación saludable en los comedores de sus escuelas.

 

Las consecuencias de esta perversión del sistema económico, político y social norteamericano no pueden ser más descorazonadoras: la malnutrición en la infancia genera problemas de salud física y mental que arrastrarán el resto de sus vidas.

 

Si Estados Unidos no se toma más en serio este problema, viene a decir ‘A Place at the Table’, las consecuencias serán tremendas: por primera vez en décadas, la esperanza de vida de la próxima generación norteamericana será menor que la de sus padres.

Alejandro Ávila