Universidad de Sevilla. Oficina de sostenibilidad.

Massai Mara: Parte 1

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Grulla Coronada en Massai Mara

Grulla Coronada en Massai Mara

24/05/2012



Massai Mara: Parte 1

Llegamos al Parque Natural por excelencia. Hace frontera con Tanzania, y es donde encontraremos mayor biodiversidad 

Viernes 6


Volvemos de los lagos y nos dirigimos hacia la Reserva Nacional Massai Mara. Por la carretera llegamos al Valle del Rift. Es sorprendente la inmensidad de la falla. Ante nuestros ojos se presenta un valle fértil, rodeado de volcanes, lleno de cultivos, lleno de vida. 

 

Después de pasar por Narok dejamos la carretera principal pavimentada, para coger la carretera principal no pavimentada. Personalmente a ese camino de tierra, piedras y baches no lo llamaría “carretera principal no pavimentada”, pero nos lo tomamos con alegría, y a bache más grande más nos reímos. 

 

La carretera es apasionante, aún no hemos llegado a la Reserva Natural y  por el camino ya vemos gacelas, cebras… y sobretodo muchos poblados Massai. Tras hora y media en esa batidora llegamos a la puerta de Ololamutiek, unas de las muchas puertas de entrada a la Reserva Natural. 
 

Llegamos con el tiempo justo para almorzar y descansar un poco, y a las 16:30 estamos de nuevo en marcha. 
 

Lo primero que encontramos en nuestro camino son jirafas. Decenas de jirafas. La vista es divertida, porque de entre los árboles de la sabana asoman los largos cuellos de estos mamíferos. Nos paramos frente a una familia de cinco o seis miembros, son unos animales curiosos. Te miran, te reconocen, intuyen que no vas a atacar y se quedan mirando. Nos cruzamos con ñus correteando, gacelas, impalas…
 

Seguimos nuestro camino y encontramos una manada de elefantes, es una manada inmensa y tienen tres o cuatro crías. Ngochi nos introduce completamente dentro de la manada, los elefantes nos rodean por todas partes. Dice que no es peligroso, porque al estar en manada no se sienten atacados. Pasamos casi un cuarto de hora dentro de la manada, pero tenemos que continuar nuestro camino, el parque es inmenso y no nos dará tiempo a verlo por completo. 
 

Bajamos hasta un pequeño arroyo donde hay una familia de leones comiéndose un búfalo. Son al menos ocho leones, pero están descansando, y tienen allí el cadáver de su presa para cuando se les abra el apetito. A pocos metros de los leones, sobre un árbol esperan pacientemente tres buitres. Cuando el rey de la sabana se canse del búfalo, ellos terminaran sus restos. 

 

Dejamos atrás los leones y subimos una pequeña loma, donde encontramos una familia de avestruces que parecen tener una agradable conversación entre ellas, pero cuando aún no hemos terminado de disfrutar con la belleza del plumaje de este animal Ngochi arranca y nos lleva monte a través. Tenemos que sentarnos para no salir volando por el techo del todoterreno, hasta que llegamos junto a un grupo de seis o siete coches, sin embargo, aparentemente no hay ningún animal a la vista a parte de unas cuantas gacelas que pastan tranquilamente. Estamos parados, observando en silencio durante unos minutos, hasta que Ngochi nos explica lo que pasa: “había un guepardo, pero se ha cansado y se ha tumbado en la hierba, por eso no podemos verlo”.

 

¡Un guepardo! A tan solo unos metros este hermoso felino reposa en la hierba, camuflado, invisible a nuestros ojos. Esperamos un tiempo pero el majestuoso animal no se levanta, y ya está anocheciendo, tenemos que volver. 

 

Mañana saldremos al amanecer

Cristina Rodríguez Díaz