Universidad de Sevilla. Oficina de sostenibilidad.

Kenia: los lagos Nakuru y Naivasha

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El len cobarde

El len cobarde

03/05/2012



Kenia: los lagos Nakuru y Naivasha

Nos sumergimos en los lagos de Kenia. Rinocerontes, leones, hipopótamos… emociones que nos paran el corazón

Jueves 5 de abril

Hemos dejado atrás Aberdare, y nos dirigimos hacia el sur del país a los lagos de Nakuru y Naivasha. En nuestro camino hacia este nuevo ecosistema cruzamos la línea del ecuador

 

En el ecuador todo está organizado. Nos bajamos del coche y Ngochi nos explica que tenemos que ir con Thomas que nos va a hacer un pequeño experimento. Asombrados seguimos a nuestro guía que nos lleva a el cartel que señala el supuesto ecuador. Intentando hablar inglés nos explica que nos va a demostrar que estamos en el verdadero ecuador a través de la fuerza de Coriolis

 

Para ello saca un cubo con agua y un recipiente más pequeño con un orificio. Vierte el agua sobre el recipiente con el orificio y coloca una pequeña cerilla sobre la superficie del líquido. En el hemisferio norte, la cerilla gira en sentido horario; en el hemisferio sur gira en el sentido antihorario; y justo sobre la línea del ecuador la cerilla no gira. Nos quedamos perplejos por la demostración y compramos un certificado de haber estado en el ecuador.

 

Salimos hacia el lago Nakuru en busca del rinoceronte. Un valle inmenso se extiende ante el lago que se pierde en el horizonte. En el valle los herbívoros pastan a placer, unos junto a otros, ajenos a los depredadores que acechan en el linde del bosque. Cebras, ñus, jirafas… hasta que tras un arbusto aparece, el buscado rinoceronte, está muy lejos pero la emoción nos invade igualmente. Sacamos cientos de fotos desenfocadas, movidas, descuadradas… hasta que continuamos nuestro camino hacia la orilla.

 

En el lago decenas de pelícanos y algunos flamencos buscan alimento en el agua, a la vez que somos testigos de una entrañable escena. Un rinoceronte hembra acompaña a su cría a beber, mientras le enseña los caminos del valle. 

 

Aquí no hay peligro, y podemos bajarnos del todoterreno. Estamos a cincuenta metros del rinoceronte y su cría, parece que tan solo dando algunos pasos, si extendiéramos un poco la mano, podríamos acariciarlos.

 

Continuamos nuestro camino hacia la frondosidad del bosque donde tenemos que ceder el paso a una gran manada de búfalos que no están muy alegres de nuestra presencia, por ello es mejor aligerar el paso, y al salir de los árboles, tras dar una curva, ahí está. Es el rey de la selva, el rey de la sábana, no existen palabras para describir su majestuosidad. En guardia, atento vigila su territorio sobre una roca, impávido ante nuestra presencia. Aburrido y cansado el gran macho recuesta su gran melena sobre sus patas y se adormece poco a poco. 

 

Nos distrae un gran estruendo que escuchamos a nuestras espaldas. Se trata de dos búfalos que luchan sin compasión, chocan sus cornamentas, desploman su cuerpo el uno sobre el otro… la lucha está complicada hasta que intercede un tercer macho que provoca el exilio del que ha comenzado la pelea, nunca se debe desafiar al macho dominante de la manada. 

 

Tanta belleza y emoción nos ha dejado sin palabras para el resto del día, a pesar de ello aún no sabíamos que nos esperaba algo aún más excitante. Seguimos nuestro camino, y tan solo unos cien metros más adelante están varios coches parados. Hay otro león, sin embargo este es un león miedoso, a diferencia del rey de la roca, y en un acto de cobardía abandona su posición por miedo a dos búfalos que lo intimidan. 

 

Se escuchan gritos de sorpresa cuando el león pasa entre los coches; y una vez más, en un giro magistral, Ngochi le cierra el paso al león. La emoción es indescriptible y se nos para el corazón cuando este gran felino camina jadeante a medio metro de nuestro coche para unirse a su familia y perderse en la maleza. 

 

Volvemos al hotel para descansar, pues a las siete de la mañana emprenderemos nuestro camino hacia el lago Naivasha. 

 

Viernes 6 de abril

Apenas ha salido el sol cuando comenzamos nuestro camino. Tras más de dos horas llegamos al lago Naivasha, donde tenemos que dejar a Ngochi de nuevo y subirnos en lo que ellos llaman un barco. Yo no lo llamaría un barco exactamente, más bien una piragua grande con motor. Allí nos subimos los seis y comenzamos nuestro paseo por el lago en busca de las familias de hipopótamos. 

 

Las encontramos fácilmente, pues están durmiendo dentro del agua. Por seguridad no podemos acercarnos tanto como a otros animales, pues son muy territoriales y se sentirían amenazados. 

 

Tras un paseo por el lago desembarcamos en una orilla. Paseamos junto a ñus, cebras, jirafas, antílopes… somos uno más de la manada, apenas se inmutan ante nuestra presencia. El paseo es agradable pero demasiado corto, tenemos que proseguir nuestro camino. De vuelta en la barca, el guía nos dice que va a alimentar a un águila pesquera. Nosotros, incrédulos, no esperamos que lo consiga… sin embargo lanza un pescado y la llama. El águila comienza a sobrevolar el lago, rápidamente localiza su presa, y en un instante lo ha atrapado en sus garras y se aleja para devorarlo.

 

Debemos continuar nuestro camino rápidamente, tenemos que llegar a almorzar a Massai Mara.  

Cristina Rodríguez Díaz