Universidad de Sevilla. Oficina de sostenibilidad.

La Fuente de la Vida

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Bosque de conferas en Krimml, Austria. Sara M. Valls

Bosque de conferas en Krimml, Austria. Sara M. Valls

28/06/2011



La Fuente de la Vida

El árbol ha sido venerado por todas las culturas a lo largo historia: ¿se ha olvidado la humanidad de su íntima relación con él?

Grecia, Roma, África, Australia, China, Iberia… Culturas de todas las épocas y lugares de la tierra han venerado el árbol como fuente de beneficios espirituales y materiales. Sería lógico, por tanto, preguntarse a qué se debe ese culto místico a lo largo de toda la historia.

El árbol, esa forma de vida vegetal compuesta de una raíz, un tronco (leñoso), ramas y hojas, que a diario vemos por nuestras calles, es esencial para que la vida siga su curso en la Tierra. Hay quien asegura, sin temor a equivocarse, que la fotosíntesis es el proceso biológico más importante que se da en el Planeta. Los árboles de nuestras ciudades nos proporcionan oxígeno, son potentes sumideros de CO2 atmosférico (principal gas responsable del efecto invernadero), interceptan las partículas contaminantes del aire, conservan la humedad del ambiente y atenúan las temperaturas extremas, suavizando las consecuencias del cambio climático, conducen el agua de lluvia hasta el suelo, mejoran la calidad paisajística y estética de las calles y, cómo no, son importantes puntos de soporte y contacto con la naturaleza en la misma ciudad.

Los árboles son los principales responsables de la estructura de los bosques y son elementos valiosos en el paisaje. Desarrollan el suelo, previenen la erosión, regulan el ciclo del agua, son el hábitat de todo tipo de animales (incluida el hombre) y son capaces de determinar el establecimiento de otras especies vegetales, además de ser fuente de variados recursos para el hombre.

Sin embargo, actualmente se estima que cada año desaparecen más de 13 millones de hectáreas de bosques en todo el mundo. Según datos de WWF (World Wildlife Fund), solamente en la pasada década se produjo una pérdida neta de superficie forestal de 93,9 millones de hectáreas.

Durante este mismo periodo se transformaron bosques naturales en plantaciones agrícolas y forestales a un ritmo de 16,1 millones de hectáreas al año, el 94 % en zonas tropicales, siendo las plantaciones agrícolas (p.e. monocultivos de soja y palma aceitera) las responsables del 70% de esta transformación.

Esta deforestación va completamente en contra del protocolo de Kioto, esbozado en la Cumbre de la Tierrade Río de Janeiro (1992) y ratificado por la mayoría de los países industrializados en 2005, para luchar contra el cambio climático. El tratado asigna a cada país firmante ciertos límites (a alcanzar antes de 2012) de emisión de gases de efecto invernadero de origen humano (principalmente CO2), responsables del calentamiento global. Los bosques son potentes sumideros de este gas de efecto invernadero y resultan vitales en esta lucha contra el cambio climático.

Sara M. Vallés / Alejandro Ávila