Universidad de Sevilla. Oficina de sostenibilidad.

Volando alto

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18/06/2017



Volando alto

Medio centenar de estudiantes de la Universidad se han unido ya al programa de apadrinamiento de aves como el vencejo

Los vencejos y los aviones anuncian la llegada de la primavera. Cuando se marchan, el verano anuncia su final. Recorren cientos de kilómetros entre África y España cada año para llenar los cielos de Sevilla, y de otras ciudades andaluzas. El vencejo pálido (Apus pallidus) es un ave de acantilados que convierte la ciudad en su propio biótopo de masas rocosas (edificios y manzanas) hendidas por una red de gargantas (calles y avenidas) con abruptos acantilados (fachadas y frecuentes huecos y cornisas, tal y como afirma el libro Aves de Sevilla, editado en 1988.

 

Todas las primaveras, el vencejo abandona el continente africano para librar nuestras noches de los molestos mosquitos y otros insectos voladores. Su inigualable vuelo de altura, la curiosa forma de boomerang de su cuerpo y las formas oscuras que se adivinan al avistarlo lo convierten en un inconfundible poblador de nuestras tardes estivales. ¿Ado╠ünde van a parar durante la noche esos cientos y cientos de aves que vemos cazando al atardecer? Tras haberse dado un aute╠üntico festi╠ün, el vencejo asciende hasta los 1.000 metros y pasa la noche aletargado volando en ci╠ürculos. Su adaptacio╠ün con el medio es de tal calibre que no so╠ülo duerme en el aire, sino que tambie╠ün copula mientras vuela.


Las parejas buscan su hueco en nuestro edificios durante el día, y cuando la hembra está encinta, ya no sale del lugar donde pondrá los huevos y el macho le lleva comida a todas horas en una incesante actividad. El pollo tendrá su primer ensayo de vuelo antes de partir todos juntos de nuevo para África. El avión común (Delichon urbica) también nos acompaña, anidando cada año en nuestras cornisas, a su vuelta también de África.

 

En el cálido verano de nuestras ciudades muchos pollos de ambas especies se sofocan y caen de los nidos y, al no poder remontar el vuelo, son presa fácil de depredadores o bien el propio calor los mata. Por esa razón, se ha llevado a cabo una iniciativa a través de la Oficina de Sostenibilidad de la Universidad de Sevilla, que contribuye a esta tribuna, en colaboración con la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio y la empresa Imagina.


La iniciativa consiste en proponer a los estudiantes de la Universidad de Sevilla la aventura única de apadrinar pollos de ambas especies en un programa pionero de voluntariado. La convocatoria ha sido un total éxito, lo que pone de manifiesto el alto nivel de concienciación y sensibilidad ambiental de los estudiantes de la Universidad de Sevilla. La primera fase de la actividad tiene un carácter formativo, con un curso de dos horas en las instalaciones del CREA (Centro de Recuperación de Especies Amenazadas de Andalucía) de Sevilla. Se han apuntado 50 voluntarios, que han recibido formación sobre los detalles de alimentación, tiempo de cría y otros cuidados necesarios para que los po- lluelos remonten el vuelo. A los voluntarios se les facilita una parte sustancial de la dieta de las crías. Los voluntarios se comprometen a cuidar los pollos hasta que se puedan soltar en el medio natural, es este caso la propia ciudad antes de que se inicie el proceso migratorio.

 

Los especialistas del CREA atienden las dudas que pudieran surgir, durante el periodo de apadrinamiento que dura entre 10 y 60 días. La colaboración de la Universi- dad de Sevilla con la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio en el marco del proyecto Ecocampus, pone de manifiesto el compromiso por la educación, el medio ambiente y la sostenibilidad de ambas instituciones.
Resulta interesante recoger la experiencia de algu╠ün voluntario. Yasmin Morvarid Owrang Calvo, estudiante de enfermeri╠üa de 19 an╠âos nos expresa: «Me he apuntado al pro- grama porque el an╠âo pasado me encarin╠âe╠ü con dos vencejos que se cayeron del nido en mi instituto, Salesianos de la Trinidad, y este an╠âo queri╠üa repetir la experiencia; este an╠âo han sido tres. Las necesidades de cada ave son diferentes. Los pequen╠âos necesitan ma╠üs tomas que los ma╠üs grandes. Si necesito que engorden, le doy tenebrios y grillos, pero si necesito que fortalezcan las alas, les doy vitaminas y cucarachas. Para echarlos a volar, yo recomiendo seguir tu instinto. Es decir, si ves que se quiere salir de la caja, es que ya va queriendo volar. Los cogía para ver si tenían fuerza en las alas y hacía prácticas para que las fortalecieran».


En los escenario venideros de cambio climático y el incremento del efecto de isla de calor de nuestras ciudades habrá necesidad de más generosos voluntarios. El vencejo anida en las grietas de las paredes de los acantilados aprovechando la propia estructura de la roca, de modo que en un entorno urbano busca paramentos con huecos, buhardillas, cornisas, cajas de persiana y todo tipo de huecos para llevar a cabo la puesta. El avión común en cornisas. La ciudad moderna, un lugar donde proliferan las fachadas lisas de metal o cristal, se convierte así en un lugar completamente inhóspito para estas aves.

 

Ante este desalentador panorama, sólo caben dos escenarios posibles para que las próximas generaciones puedan seguir disfrutando de estas aves: un cambio en el diseño arquitectónico o la adaptación de los edificios existentes, como se hizo con la torre de los Remedios. La Universidad de Sevilla ha instalado 120 nidos en los árboles de sus jardines para el anidamiento de aves insectívoras, así como nidos de lechuza en la Escuela Superior de Ingeniería Informática y nidos de cernícalo en la Facultad de Químicas, todos diseñados por Isidro Álvarez. El Plan Estratégico de Sostenibilidad de la Universidad contempla que el diseño de las nuevas edificaciones potencie la biodiversidad de aves de los campus universitarios y, por tanto, de la ciudad de Sevilla. Como se ve en la excelente película de Abbas Kiarostami, Copia Certificada, una mayor sensibilidad hacia el ave urbana, especialmente a las que tienen especiales necesidades para anidar, es el único modo de que los vencejos, por ejemplo, sigan siendo, cada primavera y cada verano, la banda sonora de nuestros atardeceres, en una calles que son calles aladas.