Universidad de Sevilla. Oficina de sostenibilidad.

Sisón, ave del año 2017

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Macho de sisón común. Tatavasco

Macho de sisón común. Tatavasco

06/03/2017



Sisón, ave del año 2017

SEO/Birdlife declara ave del año el sisón común, especie de ambientes agrícolas y sensiblemente amenazada

Nuestro protagonista goza de un sonoro y pinturero nombre que no concuerda demasiado con su discreto aunque elegante aspecto, que le permite camuflarse con sus colores pardos entre las espigas de las cosechas españolas.

 

El sisón común (Tetrax tetras) será, durante todo 2017, la especie que la organización conservacionista SEO/BirdLife ha declarado Ave del Año. La medida tiene como principal objetivo, además de recordarnos a todos la rica y variada fauna plumífera nacional, impulsar acciones que mejoren su estado de conservación y urgir a los responsables públicos a tomar medidas especiales orientadas a su protección.

 

Las aves ligadas a los campos de cultivo son precisamente las más amenazadas en la península ibérica y, dentro de ellas, el sisón una de las que muestran tendencias poblacionales más negativas.

 

En estos momentos, la ONG ambiental ultima el segundo censo nacional del sisón común. Los datos provisionales indican que su población se ha reducido a la mitad en los últimos diez años. De seguir así, el ave se acercará peligrosamente a la extinción.

 

El sisón es una pequeña avutarda, de entre 700 y 900 gramos de peso, cuya área de distribución se extendía antaño desde el oeste de Europa y el noroeste de África hasta las estepas de Asia central. Sin embargo, se ha extinguido ya en numerosos países: en África solo persiste una mínima población en Marruecos y, en Europa, tan solo quedan aves en el sector occidental, concretamente en España, Portugal, Francia y Cerdeña; y en el extremo este, a partir del sur de Rusia.

 

Al ser las poblaciones españolas las más importantes de Europa, el país tiene una evidente responsabilidad internacional en la conservación de la especie. Únicamente en Rusia y Kazajistán quedan comunidades de semejante relevancia.

 

El sisón tiene un plumaje pardo poco llamativo para camuflarse en los campos de cereal y los pastizales secos que constituyen su hábitat. En primavera, los machos mudan sus plumas para adquirir una vistosa combinación blanca y negra, visible a gran distancia. Con su traje de gala, se desplazan a cantaderos tradicionales, siempre los mismos, para desarrollar el cortejo nupcial, quizás el rasgo más llamativo en esta especie.

 

En el cortejo se combinan patadas en el suelo, inconfundibles reclamos vocales y saltos con aleteos que generan un característico siseo. Dicho siseo, debido a la existencia de una pluma más corta entre las del extremo del ala, se deja oír también en las aves en vuelo y explica el nombre en castellano de la especie, denominada parecidamente sisó en catalán y sisão en portugués.

  

“La situación del sisón es, lamentablemente, un buen ejemplo de la precaria realidad que vive el campo. Se une a aves tan familiares para todos como la codorniz o la tórtola, todas ellas en serio declive. Hemos de devolver la vida al campo y eso es algo que podemos hacer entre todos, como consumidores, tomando conciencia del modo en que se cultivan y producen nuestros alimentos”, explica Asunción Ruiz, directora de la ONG.

 

La evolución conjunta de las poblaciones de las 25 especies asociadas a medios agrícolas analizadas en el programa SACRE muestra una disminución del 23% de entre 1998 y 2015. De ellas, cuatro exhiben declives especialmente alarmantes: la codorniz común, el alcaudón real, el escribano cerillo y el sisón.

 

El grave declive poblacional que está sufriendo a nivel europeo ha motivado que sea catalogada como especie “Vulnerable” en el Catálogo Español de Especies Amenazadas y en la Lista Roja de las Aves de Europa. Además, la especie está incluida en el anexo I de la Directiva de Aves de la Unión Europea, donde se incluyen aquellas que serán objeto de medidas de conservación especiales en cuanto a su hábitat, y está protegida en 11 comunidades autónomas.

 

La evolución tan negativa de las poblaciones del sisón y del conjunto de las especies asociadas a los campos de cultivo se puede achacar, en líneas generales, a la destrucción o transformación de sus hábitats -los campos de cereal y los pastizales-, debida a prácticas agrícolas intensivas, o incluso al abandono.

 

Aspectos concretos de la intensificación agraria incluyen la desaparición de linderos y barbechos, que son vitales para el sisón; la sustitución de los campos de cereal de secano por olivos, almendros, viñedos o regadíos; y el incremento en el uso de pesticidas, que reducen drásticamente las poblaciones de invertebrados y la diversidad de plantas que los sisones y otras muchas especies necesitan para alimentarse y sacar adelante a sus crías.

 

A ello se suman puntualmente causas de mortalidad no natural debidas a la maquinaria agrícola, particularmente sobre huevos y pollos, las colisiones contra vallas y tendidos eléctricos, la caza ilegal y los atropellos. Y en muchas zonas, la pérdida directa de hábitat debida a repoblaciones forestales, carreteras y urbanizaciones.