Universidad de Sevilla. Oficina de sostenibilidad.

¿Tan malas como las pintan?

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04/03/2016



¿Tan malas como las pintan?

La modernidad cambió nuestra visión de las cabras. ¿Sabemos, en cambio, que son animales con una función ecológica crucial?

Las cabras son animales con muy mala prensa. Voraces, se comen toda la vegetación, incluidos cultivos y viñas. Trepadoras, se suben a los árboles, a las tapias y a los tejados, rompiéndolos. La iglesia las ha tomado como representación del diablo, de todos los vicios y maldades. Pero esto no siempre ha sido así. Domesticada hace 10.000 años ha acompañado a los dioses en su Panteón (la cabra Amaltea alimentó a Zeus) y ninguna cultura la considera animal impuro.

 

En la edad media figuraba en los escudos heráldicos de los nobles y las ordenanzas de las villas apenas ponían sanciones a las cabras, muchas menos que a las ovejas, consideradas mas dañinas. Pero la cosa cambió con la modernidad. A partir del siglo XVIII se las empieza a mirar con malos ojos y en el XIX ya son consideradas animales dañinos, y no digamos en el siglo XX, que se las mira con horror.


¿Qué de verdad hay en todo esto? ¿Tan malas son las cabras? Si siempre han estado bien consideradas y de pronto se les coge manía, ¿No será por un capricho de los hombres? Podríamos estar horas discutiendo acerca de los factores sociales, económicos y ambientales que han podido dar lugar a este cambio de actitud, pero no fue así como se lo planteó el Dr. Mancilla. El simplemente se puso manos a la obra y durante tres años estuvo estudiando un rebaño de cabras que pastaba en el sotobosque de un pinar en Doñana. Cuantificó qué y cuanto comían las cabras y como afectaba esto a la composición específica y biomasa del matorral, además de a su inflamabilidad. Miró también si los animales dispersaban las semillas de los frutos que comían, cuanta energía obtenían del pasto y si la leche era de mejor calidad que la de las cabras que permanecían estabuladas. Tras muchas horas corriendo tras las cabras, cacharreando en el laboratorio y dejándose las pestañas frente al ordenador llegó a las siguientes conclusiones:


La primera es que las cabras no se lo comen todo, son unas caprichosas, como su nombre indica (caprichoso viene de cabra). Cuando hay bastante comida eligen las plantas que más les apetecen en cada momento. Algunas les gustan mucho y las comen todo el rato por encima de su abundancia y otras no las prueban, aunque sean muy comunes. Normalmente no les gustan las tóxicas y con muchos taninos. Comen de todo, pero son unas exquisitas, si les dejan. Como nosotros, que también somos omnívoros.

Rocío Fernández Alés
Expresidenta de la AEET

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