Universidad de Sevilla. Oficina de sostenibilidad.

Cambio climático y procesionaria

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01/03/2016



Cambio climático y procesionaria

El calentamiento global incrementa los problemas de salud relacionados con la procesionaria 

Va armada con medio millón de diminutas armas blancas. Su punta va emponzoñada de veneno y desfila de manera castrense hasta su objetivo. Si algún enemigo se enfrenta a ella, lanza sus púas provocándole desde irritaciones en la piel hasta la muerte. Es la procesionaria, una plaga que, primavera tras primavera, pone en jaque a los niños, adultos y mascotas que se arriman a su cuartel general: los extensos pinares que cubren buena parte de Andalucía y la Península Ibérica.

 

Pedro Torrent, experto en plagas de la Universidad de Sevilla, resume los efectos de la oruga. "En estado de desarrollo L3 desarrolla unos pelos que son como arpones con efecto urticante que quedan en el aire. Las mascotas, los niños o ciertas personas tienen más sensibilidad ante su efecto urticante. Sobre los perros tiene afecciones bestiales, ya que si les afecta el tracto o la boca pueden llegar a morir".

 

Las orugas han adelantado su fecha de eclosión y el cambio climático ha sido señalado como primer culpable por los expertos: las temperaturas suaves del invierno y el calor del verano han sido la tormenta perfecta para la plaga experimentada en Andalucía.

 

Una de las localidades más afectadas ha sido Hinojos, en Huelva, una población que vive literalmente rodeada por 4.700 hectáreas de pinar. Con más de 250 casos de salud relacionados con la procesionaria en un año, el alcalde de Hinojos, Miguel Ángel Curier, insiste en que se trata de "una plaga que pone en peligro nuestra salud, es un problema de salud pública para todos los pueblos que lindamos con monte público".

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