Universidad de Sevilla. Oficina de sostenibilidad.

Cumbre de París

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23/12/2015



Cumbre de París

De la ecoesperanza a la ecoindignación 

Vivimos un otoño muy cálido, hay quien dice que no se recuerda nada igual; lo llaman "veroño". Hoy en una cadena televisiva un ciudadano de Bilbao decía, con ironía y gracia, que " a ver si va a ser bueno lo del cambio climático", viendo a la gente circular hasta en tirantas. En Sevilla, 25ºC y las playas con personas bañándose. Toda esta situación abunda en la idea del cumplimiento de la realidad del Cambio Climático. En otros lugares del planeta esto tiene otros efectos: sequías, subida del nivel del mar, salinización, y diferentes eventos extremos. Cada segundo se genera un nuevo inmigrante ambiental debido al Cambio Climático. Mucha gente sufre y muere para que algunos podamos tener un nivel de vida elevado e incluso caprichoso y pródigo.

 

El Protocolo de Kioto queda lejos e incumplido, una primera decepción global. España en relación con la crisis y el apoyo a las energías renovables bajó sus emisiones. Sin embargo, de acuerdo con los datos oficiales, España ha incrementado un 1,1% sus emisiones en 2014 respecto a 2013. El diferencial español de emisiones con respecto a 1990, año de referencia del Protocolo de Kioto, es del 12%. El global de la UE de los 28 es del -24,4%. Estamos en el nivel más alto de emisiones de gases de efecto invernadero de Europa, sólo tres países nos ganan (Chipre, Malta y Suecia). Si unimos este dato a la creciente desigualdad en España, los altos índices de pobreza, la falta de trabajo y desatinos como la ley de impuesto al sol, nos preguntamos ¿qué está pasando en España? Y sobre todo, en el contexto actual, qué política tenemos con respecto al Cambio Climático, un riesgo que incrementará las desigualdades en nuestro país, especialmente en la mitad sur.


¿Qué piensan hacer nuestros Alcaldes y Alcaldesas al respecto en ciudades poco preparadas para el Cambio Climático y con diferencias entre barrios? La Cumbre de París era una esperanza para muchos, algunos sin perder la esperanza la mirábamos con cierto escepticismo. Veinte años de fracasos de Cumbres en relación con el Cambio Climático no dejaban lugar al optimismo. El reto de la Cumbre de París de diciembre de 2015 era eliminar los obstáculos que han impedido elaborar un acuerdo que logre el consenso general efectivo. El Papa Francisco dijo antes de la Cumbre de París que un fracaso de la misma sería una catástrofe para el planeta. A la cumbre se llegó con un extenso borrador con innumerables dudas que no hacía presagiar nada nuevo. El día que acabó la Cumbre de París, la imagen de alegría general de los integrantes de la misma hacía pensar que el planeta y los pobres de la Tierra se habían, por fin, salvado. Cuando se leen detenidamente sus conclusiones no se entiende la algarada. Es cierto que un acuerdo global de que el planeta necesita acciones contra el Cambio Climático firmado por casi 200 países es una buena noticia.

 

El problema es que no se dice nada coherente ni vinculante de cómo hacerlo. Antes de entrar en detalle de las razones por las que opino que la Cumbre de París es un fracaso en sus necesarios fines principales, quisiera mostrar dos cuestiones positivas. Primera, se vuelve a hablar de los sumideros de dióxido de carbono y su importancia; esperemos que esta vez sí se hagan las cosas bien y se fomente los sumideros naturales, eficaces y baratos, frente a la barbaridad ambiental que significa la captura y almacenamiento geológico, una nueva burbuja de negocio inicuo. Segunda, los Alcaldes y Alcaldesas que han asistido han tenido su propio Pentecostés y han vuelto convencidos de la importancia de las ciudades en la lucha contra el Cambio Climático y la necesidad de la adaptación al mismo. Algunos de los dirigentes locales, por ejemplo los andaluces, ya lo sabían, pero ahora vuelven investidos de una mayor fuerza para hacer lo que saben que deben hacer. Volvamos a las sombras de la Cumbre de París. Se deja a la responsabilidad de cada país poner los límites que considere oportunos y se mostraran las propuestas y avances cada cinco años. Esto es como no acordar nada, no hay límites para los principales emisores ni penalizaciones. No hay acuerdos de limitaciones de carácter vinculante. No hay admisión de daños causados sobre zonas desfavorecidas debido a la emisión de gases de efecto invernadero de las grandes potencias, que anuncian bajadas para 2025 o 2030.

 

Quizás sea muy tarde para muchos. No se habla para nada de los migrantes ambientales, como ya hemos indicado uno cada segundo, ¿cómo ayudarlos? Se habla de incentivar las energías renovables, el mito de siempre. Dentro de cinco años seguiremos preguntándonos por qué España tiene un millón y medio de metros cuadrados de paneles solares fotovoltaicos y Alemania cinco millones, teniendo menos radiación solar efectiva. Pero se plantea invertir 100.000 millones de dólares en los países en desarrollo para la transición energética, pero esto ya estaba acordado de antes y nunca se cumplió. China plantea que su máximo de emisiones lo alcanzará en 2030 y Estados Unidos no parece que plantee limitaciones inminentes. Por todo ello, muchos hemos pasado de la ecoesperanza a la ecoindignación, los pobres de la Tierra seguirán sufriendo y el planeta deteriorándose. Y lo malo es que al planeta no le importamos nada.

Enrique Figueroa