Universidad de Sevilla. Oficina de sostenibilidad.

Un atentado contra el bien común

Imágenes




22/09/2015



Un atentado contra el bien común

Enrique Figueroa, director de sostenibilidad de la US, reflexiona sobre la deforestación en Diario de Sevilla

Desde 2011, Año Internacional del Bosque, se habla de la necesidad de lograr una cultura de sostenibilidad de los bosques, ya que son esenciales para el mantenimiento de la vida en el planeta. Los bosques mantienen una gran biodiversidad y ayudan a regular los ciclos biogeoquímicos como el ciclo del oxígeno y del carbono, esenciales para la biosfera de la que formamos parte. Perdemos cada año más de 150.000 kilómetros cuadrados de bosques por deforestación.

 

Este fenómeno genera dos tipos de cambios globales. Por un lado, los localizados, se pierde un bosque, eliminamos un ecosistema y sus servicios ecosistémicos, afectando además a las personas que allí viven. Por otro lado, los globales, cada bosque que se pierde incide en la disfunción de los esenciales ciclos globales, sin los cuales la vida no hubiese evolucionado y no se mantendría en el futuro. Los bosques regulan, en la atmósfera, el imprescindible oxígeno al 21% y el contenido en CO2 (0.033 %) para un perfecto efecto invernadero. La revista Nature ha publicado este mes un artículo donde se realiza un análisis de la situación actual de los bosques del planeta con importantes novedades con respecto a balances anteriores. Se establece que el número global de árboles es de 3,04 billones, mucho más de lo estimado hasta el momento (un billón es un millón de millones). De ellos, aproximadamente 1,39 billones se encuentran en bosques tropicales y subtropicales, 0,74 billones en la zona boreal y 0,61 billones en las regiones templadas. Aproximadamente, unos 434 árboles por cada habitante del planeta, con grandes diferencias entre zonas debido al clima y a la densidad de población. En España, tocamos a unos 245 árboles por habitante; en Israel, a 2; y en la Guayana, 14.692. Diferentes parámetros climáticos se correlacionan con la densidad media de árboles en los bosques del planeta. La densidad de árboles incrementa con la temperatura y la disponibilidad de agua.

 

Por ello, el cambio climático afectará a la distribución de los bosques, su productividad, sus funciones biológicas y sus servicios ecosistémicos. Se estima que más de 15 billones de árboles se cortan cada año y que el número de árboles en el planeta ha disminuido aproximadamente un 46% desde el comienzo de la civilización humana. Si este ritmo de destrucción sigue sin cambios, los árboles desaparecerán del planeta en 300 años; unas 11 generaciones. Es lo que nos espera si no cambiamos. De acuerdo con el estudio citado, el número de árboles talados cada año es aproximadamente 15.000 millones. Como se reforestan unos 5.000 millones, la deforestación neta mundial es de unos 10.000 millones de árboles al año. Un balance nefasto.

 

La deforestación, incrementada cada día, tiene implicaciones importantes en relación con las funciones esenciales de los bosques como un bien global del planeta Tierra: mantenimiento de la diversidad, contribución a los ciclos biogeoquímicos, proporción de servicios ecosistémicos a las poblaciones humanas, control de la regulación del ciclo hídrico y la calidad del agua, generación de madera, y el esencial papel como sumideros de dióxido de carbono. Si el oxígeno baja sustancialmente de concentración en la atmósfera, la vida tendería a una bioquímica distinta; si el oxígeno sube, arderíamos de forma espontánea y los fuegos no se podrían apagar. Si la concentración de dióxido de carbono sube en la atmósfera, caminamos más rápidamente al calentamiento global por efecto invernadero y con ello al temido cambio climático; si el dióxido de carbono en la atmósfera disminuye sustancialmente tendríamos un menor efecto invernadero con disminución de temperaturas en algunas zonas del planeta. La Tierra, la vida en el planeta, la sociedad humana ha evolucionado en unas condiciones favorables. Ha habido un esencial equilibrio. El ser humano lo ha roto, especialmente desde hace unos 300 años, y de forma irresponsable en los últimos decenios. La pérdida de los bosques por la deforestación generalizada, y especialmente la concentrada en zonas ecuatoriales y tropicales es un buen indicador que no hemos comprendido nada de nuestra relación con el planeta donde vivimos.

 

Tenemos que proteger los bosques andaluces como un bien colectivo, un bien común esencial. Sus funciones son muy claras, las mismas que tiene los bosques a nivel planetario. Regulan nuestro equilibrio hídrico, el oxígeno, el dióxido de carbono, mantienen la biodiversidad y prestan diversos servicios en forma de madera y energía. Igual en nuestras ciudades, cuidemos el árbol urbano. Un vecino esencial, que nos genera un paisaje urbano bello y en general contribuye a que el hábitat urbano sea saludable y ecológico. Recordemos el proverbio Cree: cuando el último árbol sea cortado, el último río envenenado, el último pez pescado, sólo entonces el hombre descubrirá que el dinero no se come.